Las crisis en las víctimas y el apoyo de la familia

Publicado en por Julio Mauricio Pacheco Polanco

He intentado a través de estos escritos demostrar que, encontrar personas completamente normales o anormales, resulta muy difícil, si acaso el ser perfecto existiese solo en el imaginario de algún filósofo.

Por tanto, aprender a madurar partiendo desde un conocimiento pleno de uno mismo, resulta más que una labor de autoayuda, un deber de todos, para así de esa manera, aprender a disfrutar de lo que la vida nos dá, y estar de esa manera conectados con la frecuencia de un universo que resulta maravilloso, y que sin embargo, no logramos en su verdadera plenitud gozar.

La paz que otorgue una llanura solitaria, desde los desiertos hasta el sonido infatigable del mar, o los olores que provoquen los lugares llenos de vegetación hasta el saborear un exquisito plato, compartido con una tertulia o charla que permita el encuentro entre varias personas, para sentirse cercanas y alejadas de la soledad, no es sino acaso el arte de saber vivir, o el de reivindicar su importancia.

Pero será esto posible si es que no estamos preparados para aperturarnos a todo aquello que el mundo nos da, y que estando a nuestro alcance, ignoramos por la prisa de los rigores de la vida misma, que van desde el trabajo hasta los lugares de estudio.

 

La adolescencia sin duda, es la etapa más difícil para el ser humano. Muchas personas se quedaron en esta etapa de la vida, pocas llegaron a la edad adulta. Sea por eso, el motivo del siguiente escrito, el que se abocque a las crisis de las víctimas, que padeciendo esquizofrenia, requieran el apoyo y comprensión total por parte de sus familiares, a implicancia de lo que ello signifique: la tolerancia.

 

Entrada la víctima en crisis, todo se hace confuso e incomprensible para el núcleo familiar que también, en consecuencia, entra en crisis.

 

No son aisladas estas crisis. Se dan en hogares en los que los problemas agobiantes han rebasado lo tolerable, y manifestada ésta a través de la víctima, indica que algo está pasando en la familia, que la enfermedad está afectando no solo a uno solo, sino a todo el conjunto.

Es aquí donde entran a trabajar los especialistas.

La familia al estar en crisis, requiere por tanto orientación, desde el punto de vista psicológico, para salir de ese difícil trance en el que, uno de los integrantes está afectado por el estres, o diversos conflictos que dependiendo de circunstancias casi siempre únicas, revelan cuadros en los que la ansiedad, angustia y confusión, conlleven a un pánico mediante el cual la familia misma, no sepa qué hacer, y se formulen la pregunta :¿qué hago?

 

Experimentada la crisis, la víctima en la mayoría de casos no es comprendida por sus familiares del entorno, por ver éstos en ella también sus propios temores. El estigma de la enfermedad ha asustado a todos los integrantes de ésta, y en el momento mismo en que se da esta experiencia negativa, todos los integrantes del seno familiar sienten el desamparo y la soledad, sin saber cómo salir de ese entrampamiento desde el cual, se sufre, sin entender que hay una salida para estos casos, que solo hay que tener paciencia, así sea como idea y no como actitud.

 

El auxilio brindado por la psiquiatría prontamente intentará de ver la forma en cómo rehabilitar a la víctima, y el cómo asesorar a los demás integrantes del núcleo familiar, para salir del problema en cuestión.

 

En casos más extremos de confusión, se llega a padecer el pánico y la sensación cercana de la muerte, desde donde la confusión llegada hasta el límite, conlleva a la experimentación del miedo, en grados inimaginables.

Por ello, si relacionamos el miedo con la muerte y el pánico, se podrán explicar por qué en la mayoría de historias clínicas, se acusa de sentimientos hostiles por parte de terceros a lo cual llamaremos :delusión, y también, delirios a través de los cuales, se cree, están conspirando terceras personas contra la integridad de uno o todos los integrantes de la familia.

 

Es que estas crisis afectan no solo a la familia sino a la comunidad, a tal punto, que la violencia desatada dentro del seno de ésta, sale de los parámetros establecidos para el buen convivir, dándose constantes discusiones o enfrentamientos en la familia, desde donde se hieren unos a otros, llegando en casos extremos a la agresión.

 

Pero esto resulta común a mi entender. Las crisis matrimoniales atraviesan siempre por estados en los que se requiere más entrega y dedicación por parte de la pareja. Y cuando los niños empiezan a crecer y llegan a la edad de la adolescencia, al no poder lograr integrarse con efectividad en la sociedad, acusan a sus padres a quienes culpan por todo lo que les pasa, haciendo el clásico reclamo: ¿para qué me diste la vida si en este mundo todos sufren?

 

Es importante por ello la participación más involucrada de psicólogos en los centros de formación temprana, para así aprender a tener técnicas que permitan enfrentar a la vida con grados óptimos de eficacia y en consecuencia, desarrollo familiar.

Si bien, dada la crisis en la familia, el apoyo y consciencia por parte de quienes necesitan ayuda , se hace innecesario, porque el dolor sentido es tan notable, que los mismos integrantes de este grupo social, acuden donde el especialista, con el fin de buscar una solución a sus problemas agudos.El mayor bemol en estos casos, es la toma de consciencia por parte del más afectado, quien requiriendo para su metabolismo, dosis regulares de drogas legales a criterio del psiquiatra, se niega a recibir el tratamiento, infringiendo más caos dentro del seno familiar, y por supuesto, ahondando la crisis.

Y entonces el conflicto se acentúa, ya que al no querer aceptar la ayuda requerida la víctima, por parte de los especialistas, se tiene que acudir a instancias mayores, para internar a la persona afectada en cuestión, con el propósito de recuperar su alegría, o en el mejor de los casos, su equilibrio emocional.

Que esto no se da de la noche a la mañana, pero los alcances de la medicina logran resultados impresionantes en lo que concierne a la rehabilitación de la víctimas, y la mejora dentro del seno familiar.

 

Es duro batallar con el estigma del diagnóstico, porque éste es uno de los impedimentos que objeta la víctima, al momento de rechazar la ayuda brindada, porque si bien, padece algo que ya es tratable, los cuestionamientos interiores por parte de la víctima, le enfrentan ante el tener que aceptar que tiene esquizofrenia, y todo lo que engloba en sí este diagnóstico.

 

Una de las labores más importantes de este blog, es ayudar, orientar y desmitificar todo lo vinculante con la esquizofrenia, y dar un nuevo alcance al cómo debe vérsele a este trastorno de la personalidad, que en el anterior escrito, ahondaba lo que para unos es "enfermedad mental", (etiqueta muy lacerante ante la sensibilidad de la víctima), con la cual los especialistas batallan, para aportar nuevas formas de explicar qué somos, y cómo debemos ser tratados, nosotros, los esquizofrénicos, o mejor llamados: seres humanos.

 

Gracias por estar aquí.

Julio Mauricio Pacheco Polanco

Escritor

 


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