EL QUE NO NECESITÓ DE FE

¡Oh, Mi Señor que me has dado calma otra vez!
Sabes que no necesito de fe para saber de ti
A mi llamado acudes para brindarme reposo y gracia.
No olvido la noche en que lleno de gozo danzaste
En la noche que conocí la ira y me hice justo.
Mi soledad se hace afable y allí la vida fluye,
Esas interrogantes cuyas respuestas fueron negadas al hombre
En mis escritos constantemente te nombran
Para el consuelo de los que aún no entienden este estar.
Me hiciste preclaro y afanoso,
¿No derroté al Maligno en la noche del amor
Y de los demonios que echan a la perdición al confundido?
He pedido lo necesario y has acudido para darme verbo,
Del miedo he sabido y con coraje me has bendecido,
¿No es el corazón del hombre tu mejor presencia?
Oscura es la noche para el que se cansa en plegarias
Buscándote entre lágrimas desesperadas
Cuando se ha llegado al extremo y nada parece tener sentido.
He sido tu voluntad muchas veces
Y volvería cuantas veces sea necesario a serlo.
Has nacido bajo varios nombres con la misma estrella.
Me dejaste verte para la incredulidad de los que sufren
Y la palabra me diste cuando el Mal quisiera derrotarnos.
No sabía que cada poema es una oración
Que las plegarias diariamente sostienen a todos,
¿Estarán atentos cuando te manifiestes?
De mis noches más difíciles fue inútil negarte,
Esperaste mi gloria para asentir mi proceder.
¡Oh, Mi Señor que me has dado calma otra vez!
Sabes que no necesito de fe para saber de ti,
Así está escrito una vez más,
Así es la oración, así es nuestra comunión.
Julio Mauricio Pacheco Polanco
Poeta
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Julio Mauricio Pacheco Polanco