De la muerte y su Inmortalidad
No esperes
A la muerte
Cuando el sol brilla con intensidad
Bajo la promesa de quienes juramos
No rendirnos ante la infamia y la traición.
No esperes a la muerte,
Contempla el fuego que madura en tu corazón,
Escucha la voz de los océanos.
Atento, descubre lo que en palabra
Propusiste al mundo.
No esperes a la muerte.
Recuerda el camino que abriste
Antes que la Luna se marchara
Y te dejara solo en los desiertos
Que fueron nuestros
Como la flor que en las manos se deshoja
Un amor te piensa siempre
Desde cualquier ciudad
Que sembraste en los tiempos en que soñabas
La balada que interpretó
Ese sentir que agitó muchos pechos
Hasta la exaltación.
No esperes a la muerte
Sonríe ante lo incierto
Es salvaje la primavera para quienes no la conocen
De sus misterios y leyes aprendí
Por eso,
No esperes a la muerte
Que ésta nunca ha de llegar.
Espera el campo de batalla,
La espada empuñada antes del grito final.
Que hay muchas formas de morir
Quizá frente a una botella de ron
O ante los labios de la mujer no esperada.
Yo he escrito para permanecer.
Para cantarle a los momentos que he llenado
Mi vuelo es mayor por tanto
Que desde mis alturas
La soledad es distinta
Que llegas fiel compañera
A hablarme sobre el tiempo
Y mis leyendas.
No.
No.
No esperes a la muerte,
Porque ésta es vana
Y a todos llega.
Que tu canto por tanto
Sea el mejor entre todos los cantares.
¡Aviva entonces el camino!
¡Revienta con el amanecer!
Y sueña,
Sueña sin esperar lo indescifrable,
Has del cuaderno en blanco
La ventura del mundo anhelado.
Porque al terminar de escribir tus manuscritos
Otros han de tomar la posta del destino.
Por eso,
No pienses en la muerte,
No la esperes,
Que en el camino,
Otras muertes encontrarás.
Y esas son las peores,
En medio de los oropeles,
De todas las historias escritas,
Que no terminaron en buen puerto.
Julio Mauricio Pacheco Polanco